La casa que se muda
La casa está donde no estaba ayer. Mismo número, mismo portal, misma vecina regando en la ventana. Pero la calle es otra. Y la vecina no me reconoce.
He subido igual. La llave abre. Dentro, todo está donde lo dejé: la taza, el abrigo, el gato dormido. Solo hay algo nuevo en la mesa: una nota con mi letra. «No salgas hasta que la calle vuelva.» Fuera, la vecina ha dejado de regar y mira hacia aquí.